jueves, 30 de marzo de 2017

Vacaciones, musas y una antología muy chula

Por fin se acercan las vacaciones, esas con las que llevo soñando hace semanas. Cada vez que se acerca el final del trimestre, me levanto cada mañana arrastrándome literalmente. Lo peor de todo es que según vas tachando días en el calendario, cuesta más y más llegar al día oficial de vacaciones, incluso son días en los que estoy más distraída, desconcentrada y es que las baterías están completamente descargadas.


Si además le sumamos que la abstemia primaveral aparece, el agotamiento es infinito. Escaso tiempo, trabajo, trabajo y más trabajo que se acumula en estos días finales, burocracia que nunca acaba... y cuando tengo algo de tiempo libre es imposible mantener los ojos abiertos. Ni siquiera puedo leer un rato antes de irme a la cama. 


Soy persona inquieta en general en mi vida. Este mes que finaliza ha sido el mes en el que por fin me lancé a cumplir uno de mis sueños de infancia: aprender a tocar el piano. Si tenía poco, le añado una tarea más para complicarme más la existencia. A pesar de todo, el piano se está convirtiendo un poco en lo que la escritura significa para mí. Disfruto sentándome enfrente del teclado, practicando las canciones que la profe me enseña, cantando las notas... Lo que no pensé fue que precisamente cumplir este sueño me iba a quitar tiempo de seguir con el otro. Pero como se suele decir "sarna con gusto, no pica". 


Quizá por esta razón las musas se hayan mudado o a lo mejor se han enfadado al desplazarlas por el otro teclado, pues se han tomado ya el descanso. Hace tiempo que no aparecen pero tampoco es algo que me agobie ni me preocupe como solía ocurrirme al principio. No soy capaz de definirme de forma estricta, es decir, no puedo afirmar ya si soy una escritora de brújula o de mapa. Organizo una historia con mapa y me veo incapaz de seguirla, trabajo con brújula y también estoy perdida. Últimamente, a decir verdad, siento más que estoy inmersa en la locura, escribo según me encuentre en ese momento... Solía comenzar una historia, serle fiel y zanjarla.  Los bailarines me acompañan hace meses yendo y viniendo, la serie New Adult que empecé el año pasado de vez en cuando llama mi atención rogándome que continué con sus historias, y  en este tiempo en el que las musas han partido, he empezado otra novela que ni yo misma sé adónde irá, por lo que el caos está asegurado. 


Y para rematar me he embarcado en una propuesta maravillosa en la que no dudé ni un instante cuando mi compañera de letras, Laura Girón, me pidió ayuda. Puedo tener poco tiempo y estar exhausta, pero siempre que una causa benéfica como la que nos ocupa surge, me lanzo sin contemplaciones. He podido contactar con autores fantásticos que no han dudado en responder que sí a la iniciativa, y desgraciadamente otros muchos no han podido estar presentes en ella por motivos profesionales y personales. No obstante, quiero darles las gracias aún así por haberme contestado a la propuesta, pues la educación debe estar ante todo. Estamos deseando empezar a leer los relatos de todos esos escritores que de forma desinteresada han decidido participar. Y como dice la foto de abajo: "un libro, mil sentimientos". Después del verano reuniremos en un único libro millones de sentimientos que espero leáis con este mismo entusiasmo.

domingo, 12 de marzo de 2017

Tomar decisiones


Nunca he sido una persona que se caracterice por tomar decisiones de manera rápida e incluso que dichas decisiones sean las correctas. Siempre me ha costado adaptarme a los cambios, a veces he obrado por pura inconsciencia y el resultado no ha sido todo lo deseado que fue en un primer momento. De los errores también se aprende que suelen decir, así que no me malinterpretéis que no soy persona de lamentarse de lo que ha hecho en su vida. Hoy de nuevo estoy reflexionando (serán los domingos que me hace estar pensativa), y a pesar de siempre haber sabido qué hacer en esta ocasión me cuesta más hacerlo. Entonces pienso en ellos y el miedo me paraliza, como dije hace unos días vía Instagram, casi un año después estoy cerca de dejarles volar, de presentarlos "en sociedad" y permitir que otros se enamoren de su historia tanto como lo hice yo y sus lectoras cero. Cada vez más cerca de dar ese salto de fe, lanzarme esperando que la red aparezca y sea lo suficientemente fuerte para sujetarnos. Salir de la zona de comfort, arriesgando sin tener la certeza de ganar.


Lo que más me gusta de las personas que hablan conmigo sobre si echarles a volar o no, es que todos coinciden en lo que reza en la foto. Así que siento que cada vez estoy más cerca de saber cuál será finalmente su destino, quizá lo haga bien y sea lo correcto, quizá me equivoque y mi decisión no sea la que debiera ser. Ante todo estoy muy orgullosa de que antes de llegar al mundo hayan enamorado ya a tantos lectores. Estoy muy orgullosa de ellos. En breve seguro que sabré qué debo hacer, cuándo menos me lo espere la solución aparecerá y la tomaré consciente y segura de que será lo que realmente me hará feliz. 

jueves, 2 de marzo de 2017

Feliz "biniversario"

Hoy se cumplen dos años desde que empecé en esta aventura literaria. Hoy, mi primera historia cumple dos años. Hoy, hace setecientos treinta días que pasó a ser un poco vuestra. Mis queridos Alba y Esteban están de aniversario. Hace dos años y medio no entendía nada de manuscritos, de redes sociales, de eventos… Y me lancé, me lancé sin red y con pocas esperanzas. Pensaba que únicamente parte de mi familia (aquella más asidua a las nuevas tecnologías) se leería la historia y aquello acabaría en unos ratos de risas por tirarme a la piscina sin saber si había algo de agua, con la vergüenza soplándome en la nuca pues no sabían que había escrito un libro y con muchos miedos en general.


Y en el primer mes se posicionó en los primeros puestos de Amazon siendo una de las novelas más vendidas durante mucho tiempo. Aún a día de hoy no me creo que siga entre los más vendidos y que me sigáis mandando mensajes felicitándome y dándome la enhorabuena por ella. Aquello que hace dos años era una utopía con la que ni siquiera me atrevía a soñar. Poco a poco todo fue creciendo: la autora, los libros, las esperanzas, los miedos, los sueños… Y sin hacerlo aposta la serie de “Las Tres Marías” comenzó. El pasado mes de noviembre la segunda novela de la serie vio la luz,  pudimos conocer a Elena y todo lo que llevaba a sus espaldas. Sé que falta la historia de Oli, no os preocupéis porque en algún momento llegará.


Sin embargo, hoy es el día de ellos, de Alba y Esteban, los que fueron abriendo el camino a todos sus hermanos que han ido llegando detrás, poco a poco. Si hago repaso puedo afirmar sin lugar a dudas que han sido dos años en los que he aprendido mucho, he disfrutado con compañeras y lectoras, con eventos, con cada firma que me habéis pedido, y he crecido de la mano de Alba y su pijo arrogante.

Hoy, de nuevo, quiero felicitarles asegurándoles que muchas más historias formarán parte de la estantería junto a ellos. Estoy convencida que en un futuro novelas con diferentes temas (soy de esas personas que cree en que hay que arriesgar y salir de la zona de confort) aparecerán de una u otra forma. También soy muy consciente que a día de hoy ya no es la mejor historia que he escrito, que en su momento lo fue todo para mí, pero aun así me siento realmente orgullosa de ellos.



Y para acabar este cumpleaños os dejo una de mis partes favoritas de la novela:
«—¿Por qué has tardado tanto? —me pregunta aún con la voz ronca por el tubo que tenía en la garganta.
—¿Cómo dices?
—No sé si lo he soñado pero había una música hermosa, tú tocabas mi mano suavemente y me llamabas “mi amor”. ¿Por qué has tardado tanto?
Me quedo paralizada. ¿Cómo puede ser que haya escuchado y sentido todo mientras estaba en ese estado? No lo pienso más y me acerco a su boca para darle un tierno beso en los labios.
—Te quiero, mi pijo arrogante —le digo en susurro.
—Lo dicho. ¿Por qué has tardado tanto, Albita?»



sábado, 25 de febrero de 2017

Tres meses de Elena

Ayer Elena cumplió tres meses desde que salió a la venta. He estado reflexionando un poco sobre lo que ha pasado en este tiempo por lo que me he animado a dejarlo por aquí escrito. Su historia nació al poco de acabar con la de su amiga Alba, mi primera historia autopublicada. Y Elena fue creciendo, contando sus miedos, sintiéndose pequeñita, a veces grande, pero fue cambiando a medida que pasaba el tiempo. En todos esos meses que transcurrieron desde que comencé con ella, se cruzó Mateo haciendo que solo pudiera verlo a él con esos ojos azules y ese romanticismo del siglo pasado que no solo enloqueció a Clara. También apareció Elliot con esa mirada perdida y ese corazón roto que no solamente Sarah quiso recomponer. Incluso me involucré por completo en una historia new adult que espero pronto vea la luz. Y en todo ese espacio, Elena seguía a la espera, tomándose el café con las mejores vistas posibles en un ático de Nueva York.


Por fin la calma regresó y volví a la ciudad de los rascacielos a reconciliarme con ella, a reencontrarme con viejos conocidos como Alba y Oli, con el carácter paciente de Eric y cuando meses después di al botón de "enviar" por fin salía a la luz la historia que más tiempo ha rondado por mi cabeza. Pero ella supo perdonarme y su historia fue aún más especial, cociéndose a fuego lento, acompañándome mientras sus hermanos iban apareciendo. Y de nuevo volví a enamorarme de un personaje, de ella. Quizá sea porque es la que más se asemeja a mi carácter y en la que más he puesto parte de mí. 


 Sé que debería haberle dedicado más atención (soy mala madre literaria en ese sentido), aunque a pesar de ello la bienvenida al mundo para Elena y Eric fue estupenda. Sigo recibiendo mensajes llenos de cariño, hacéis posible que se mantenga en la lista de los más vendidos en romántica junto a la novela de Alba dos años después (ni soñando jamás pensé en algo así). Y aunque me duele en el alma esta vez no voy a poder hacéroslo llegar en papel como hice con Mateo. Perdonarme porque cada vez que me preguntáis si os lo puedo enviar dedicado se me parte un poco el corazón. Deseo algún día estar en algún evento o algún café donde pueda hacerlo y charlar de nuevo con todos vosotros que sin duda sois el regalo más grande para ellos, para Alba, Elena, Sarah, Mateo...

Así que resumiendo estos tres meses han sido parte de este sueño que estoy viviendo gracias al apoyo constate y diario de todos vosotros, que no me dejáis caer ni me permitís que deje de contaros esas historias que llenan mi mente. Gracias por hacer perfecto mi corazón, ¡feliz sábado!

martes, 14 de febrero de 2017

Primeros encuentros

Hoy que es un día señalado para esos amantes que siguen mirándose a los ojos y ven su propia alma reflejada en el otro he querido echar la vista atrás y recordar ese primer momento en el que él la ve a ella y algo se remueve por dentro, cuando a ella empieza a erizársele el vello de la piel al sentirle cerca, cuando la vergüenza es la protagonista o una pelea es el principio de todo. Ese momento es lo que se llama "el encuentro cuco" y me ha encantado recordar el de mis chicos. ¿Nos acompañáis en su primer encuentro?
 DESDE EL DÍA EN QUE TE VI (Alba y Esteban)

—Señora, por favor, decídase ya, que algunos tenemos prisa —oigo semejante frase llena de enfado a mi espalda y empiezo a notar que la vergüenza cubre mi rostro pero es que no sé qué coger. Lo ignoro.
 —Hmmm…. Pues la verdad es que me encuentro en una situación complicada —le digo a la dependienta entre risas, sin darme cuenta que a ella poco le importa eso.
 —Señora, por favor, hay mucha gente esperando. Si no lo tiene claro échese a un lado hasta decidirse —me dice la pobre mujer pero me niego a irme o sino cuando lo tenga claro tendré que volver a la cola infernal y entonces sí que voy a tener que quedarme a pasar la noche en la oficina. —No, no se preocupe que ya lo voy teniendo claro… hmm… a ver…
 —¡Señora, por favor, o se decide o pido yo! Y tras semejante grito no puedo más que darme la vuelta y enfrentarme a menudo energúmeno que me ha gritado en todo el oído dejándome medio sorda. Me giro rabiosa con la clara intención de cantarle las cuarenta a Don impaciente, pero lo que no me esperaba es lo que vi. Un hombre alto, yo diría que un 1,80, cabello castaño, alborotado. Sus ojos, negros como el azabache, me miran desafiante. Lleva barba de un par de días, un traje azul marino oscuro y una corbata naranja clarito que resalta la camisa azul cielo que lleva. A pesar de llevar el traje se vislumbra que tiene un cuerpo fuerte y atlético. Tiene pinta de ser pijo y encima arrogante, a juzgar por su mirada y comentarios. Me debo quedar bastante embobada porque de pronto el extraño amable chasquea sus dedos delante de mí llamando mi atención y vuelve a hablar con esa dulce voz.
 —Guapita, ¿te decides ya? Porque aquí estás montando una buena y yo no sé los demás, pero yo tengo muchísima prisa. ¿Qué te parece si te pago lo que quieras y te largas de una vez? ¿Guapita? Uy, uy, uy. Esto se está calentando por momentos. Este tío es un idiota redomado. Se pensará que por estar bueno puede decir y hacer lo que le dé la gana pero acaba de pinchar en hueso. 
—Mira, guapito —le digo con toda la rabia del mundo—, me vas bajando el tono y la mala leche o me voy a eternizar en hacer mi pedido. Todos tenemos prisa, pero te vas a esperar a que decida lo que quiero y aunque te agradezco tu gesto de pagarlo no necesito que un pijo como tú me pague nada. Así que paciencia y cállate la boca.



 EL JEQUE (Elizabeth y Khalid)


¿Pero qué pensaba hacer?
 Elizabeth se removía  pero era inútil, el hombre era muy fuerte. Intentaba hablar pero no le salían las palabras. ¿Qué le ocurría? Su mente no respondía pero su cuerpo se iba animando por momentos. El extraño notaba su inquietud y una vez que la tuvo atrapada bajo su cuerpo le susurró con voz sugerente y sensual:
—No luches Imra. En unos minutos, todo habrá acabado.
¿Imra? Esa era la palabra que aparecía en su sueño una y otra vez. ¿Pero qué demonios significaba eso? ¿Y por qué estaban en plena tormenta tumbados boca abajo en la arena? Era increíble que bajo aquella repentina tempestad arenosa, estuviera sintiendo cosas que no se explicaba. Pero aún le resultaba más increíble que ese hombre del desierto desprendiera ese aroma como a canela. De pronto se acomodó en esta extraña postura e hizo un suave ronroneo pues estaba la mar de a gusto. El desconocido reprimió una risita y tras lo que le parecieron horas enteras, llegó el momento de la separación. Se desprendió de su abrazo y soltó las mochilas. Avergonzada tras semejante momento se incorporó, al girarse se le paralizó el corazón y se bloqueó. Ya no recordaba adónde iba ni qué tenía prisa. Estaba perdida en sus ojos. Profundos ojos marrones. Era lo único que dejaba a la vista tras esa túnica blanca que brillaba aún más debido a la exposición del sol. Ni siquiera era capaz de hablar. ¿Pero qué le pasaba?
—Debería tener más cuidado señorita. Sospecho que no conoce el desierto y las tormentas de  arena son traicioneras. En cualquier momento pueden aparecen —se dirigió a ella tras haberse desprendido del pañuelo que le cubría la nariz y la boca. Una boca sensual y traviesa que se le antojaba más que apetecible y esa voz, con un acento tan característico de la zona, que le ponía el vello de punta.
—Pero por lo que he podido comprobar, tal cual vienen se van, —se le escapó de la boca antes de pararse a pensar. «¡Piensa Eli por Dios!» Parece que le hizo gracia y hasta sonrió.
—Nunca tiente a su suerte. Esta vez he estado yo para protegerla ¿pero qué ocurrirá la próxima vez que yo no esté para salvarla?—le dijo con cierto tono de sarcasmo.
—No soy ninguna damisela en apuros del siglo XVIII. No necesito que nadie me proteja ni me salve de nada. Yo solita me basto y me sobro—en ese momento recogió sus cosas y se dio la vuelta bastante enfadada. ¿Quién se había creído ese hombre que era? ¿Bella Swan a punto de ser devorada por un vampiro?
—¿Esa es su forma de dar las gracias?—le preguntó consiguiendo que se quedase clavada en el sitio. Se giró y vio que se acercaba lentamente hacia ella. De nuevo sus sentidos se embotaron y no podía hablar.
—Gra… gra… Gracias, señor del desierto—recomponiéndose al echar un par de pasos hacia tras recobró la sensatez y su sexto sentido le decía que empezara a echar a correr. No sabía bien porqué pero aquel hombre le parecía más peligroso que cualquier morador de tribu que habitara por esos lugares.
—De nada señorita de ciudad, pues se me antoja que no es de por aquí cerca. ¿Me equivoco?—le preguntó mientras volvía a recoger las mochilas para seguir su ruta. ¿Pero por qué le seguía hablando si ya había pasado la tormenta y le había dado las gracias?

—No se confunde en absoluto. Efectivamente no soy de aquí. Ya he perdido mucho tiempo debido a esta estúpida tormenta, así que si me disculpa debo proseguir mi trayecto inmediatamente. Gracias de nuevo, que Alá le proteja o lo que sea—le contestó haciendo un gesto con la mano y acto seguido se dio la vuelta, pues si permanecía frente a él, se quedaría anclada en esas arenas y no sería capaz de continuar con su objetivo.



  MI CORAZÓN TE PERTENECE (Clara y Mateo)


Para mi suerte o desgracia –aún no soy capaz de decidirlo– él se baja del coche y se dirige hacia mí. Oculto tras unas gafas de sol, ante mí se para con su aspecto de modelazo, con su camiseta de manga corta blanca que le marca los bíceps de manera espectacular, sus vaqueros desgastados que le quedan de muerte y unas deportivas blancas. Se agacha a mi lado y creo que me voy a quedar ciega de tanta belleza cuando se quita las gafas de sol ¡menudos ojazos azules que se gasta el tío! Todavía con el vestido por la cintura y a cuatro patas, me lo quedo mirando embobada. Una lástima, porque no creo que tenga más de veinte años. Por fin puedo actuar, y con toda la vergüenza del mundo, me bajo el vestido y comienzo a recoger mis cosas del suelo como si me hubieran metido un cohete por el culo.
—¿Estás bien? —Me pregunta el Adonis mientras me ayuda a meter las cosas en el bolso.
Yo solo soy capaz de asentir con la cabeza y darme toda la prisa del mundo. Ahora entiendo eso de “Tierra trágame”. Cuando tengo todo en el bolso vuelvo a mirar al coche, donde la chica que va de copiloto me mira con cara de pocos amigos, porque ver al chulazo de su novio ayudando a una loca semidesnuda no creo que sea agradable de ver. Entonces siento el contacto del Adonis levantándome con sus fornidos brazos y un escalofrío me recorre entera, ¿qué está pasando?

Paseo la mirada del coche a los ojos azules del buenorro y siento que no puedo apartar la mirada de él. Varias personas comienzan a arremolinarse a nuestro alrededor y es cuando aprovecho para escapar de esa situación extraña. Sin decir una sola palabra me suelto y salgo corriendo, rezando para no darme otro tortazo como el que me acabo de dar. Por suerte el piñazo ha sido a apenas unos metros de la oficina, así que llego antes de lo esperado y con un dolor de rodillas tremendo, aunque la vergüenza que he pasado creo que es peor.





AMANECER EN ÁFRICA (Sarah y Elliot)

 Tras media hora de viaje, llegó al aeropuerto. Sarah veía cómo salían por la puerta principal decenas de personas pero ninguna se fijaba en su cartel donde aparecía el nombre del doctor Elliot Savannah. La gente siguió pasando y Sarah estaba empezando a impacientarse así que comenzó a decir su nombre en voz alta, casi chillando por lo que los pasajeros y demás gente la miraban horrorizados e incluso hacían comentarios sobre aquel comportamiento pero ella tenía muchísimas cosas que hacer y no podía perder el tiempo.

 — ¿¡Doctor Savannah?! ¿¡Doctor Savannah?! —Gritaba mirando a la gente que seguramente estarían pensando que era una loca, tenía tantas tareas pendientes en el hospital que estaba impaciente por recoger al nuevo doctor y marcharse a la misión de nuevo.
 —Creo que ese soy yo—respondió una voz profunda a su espalda, Sarah se dio la vuelta y vio al nuevo doctor. Un hombre alto, de pelo corto, barba incipiente, profundos ojos azules y cuerpo bien definido. Sintió un escalofrío al mirarlo a los ojos y un impacto directo a su corazón. ¿Eso era lo que se sentía al recibir un flechazo? Ella nunca antes había sentido semejante sensación, no era capaz de articular palabra. Aquel hombre que tenía enfrente tan sencillamente vestido con una camiseta de manga corta blanca que marcaba claramente los músculos de sus brazos, unos vaqueros azules desgastados y unas deportivas blancas, la miraba fijamente—. ¿Es usted de la misión?
 —Sí, claro. Soy la doctora Collins—le respondió Sarah tras tragar saliva haciendo acopio de fuerza pues estaba petrificada, le guió hasta el coche donde el doctor dejó su maleta y se sentó junto a ella en el asiento del copiloto. Sarah inhaló antes de entrar pues apenas habían pasado un par de minutos y ya le costaba actuar de forma tranquila. Dentro del coche fue aún peor pues aquel hombre desprendía un olor que la hacía removerse inquieta y su estómago no dejaba de darle saltos. Se concentró en la carretera y en la música que salía por la radio pero no sabía qué decir, finalmente el doctor empezó una conversación.
 — ¿Está muy lejos la misión? —Quiso saber el joven hombre.
 —No, apenas se tarda unos treinta minutos—consiguió decirle ella sin apartar la vista del trazado sinuoso de la carretera.
 —Perfecto. Estoy deseando comenzar a trabajar allí—le dijo el hombre mirando por la ventanilla, ella lo miró de reojo y vio que estaba ensimismado en las vistas al igual que le ocurrió a ella el día que llegó allí—. ¿Cuánto tiempo lleva usted aquí?
 —Cuatro meses— le dijo Sarah sin apartar la vista de la carretera.
 —Si no le importa preferiría que nos tuteáramos ya que vamos a trabajar juntos—pidió el nuevo médico a la joven doctora que era incapaz de enfocar su mirada en esos preciosos ojos.
 —Por mi perfecto—contestó muy escuetamente.
 Pasados diez largos minutos donde apenas charlaron sobre el asfixiante calor que hacía, comentaron la vegetación que se encontraban a su paso y hablaron del largo viaje hasta llegar a África. Sarah nunca había deseado tanto llegar a algún lugar como en aquella ocasión, en el coche se estaba ahogando y no precisamente por la temperatura que rozaba los cuarenta y tres grados centígrados a lo que se iba acostumbrando.  Ese hombre había provocado una gran impresión en ella y necesitaba estar lejos de él, al menos durante un rato. 

   NO SÉ POR QUÉ TE QUIERO (Elena y Eric)

—Vaya, vaya. No sabía que ahora el despacho de mi asistente era tu nuevo estudio, querido Lucas. —Me paralizo, porque ahora sí que me es conocida esa voz. ¡No puede ser! A pesar de haber cruzado pocas palabras con él en España, reconozco la voz de Eric. ¡Dios!, ¡qué mala pata la mía! Ahora que trabajo para él, me ha encontrado haciendo esta tontería, así que ya me puedo ir despidiendo de comenzar con buen pie. Congelada como estoy, soy incapaz de girarme para mirarlo hasta que la voz de Lucas me saca de mi estado. 
—Ya me conoces, Eric. Cualquier lugar es bueno para tomar unas fotografías y más cuando un tesoro como este me inspira. —Reparo en que le contesta de forma bastante amigable. Ahora hemos pasado de ángel a tesoro, como si el fotógrafo fuera Gollum y yo fuera el anillo codiciado. 
—Una pena que pienses así. Me gustaría comenzar a trabajar y necesito a tu «tesoro» para ello, así que, si eres tan amable, vuelve a tu estudio con tus modelos y déjanos sacar adelante esta revista.  
¿Su tesoro? No, no, no. Yo soy una profesional y esto no es lo que parece, me gustaría decir, pero creo que va a ser inútil. Bastante avergonzada, me vuelvo y, por primera vez desde que estoy en Nueva York, oteo al amigo de Esteban. Ya casi no lo recordaba. Lleva un traje negro, camisa blanca y corbata negra a juego. Su pelo oscuro, peinado hacia atrás, es impecable. Él parece perfecto. Ojos negros, y barba incipiente. Atlético, eso está claro, aunque con el traje lo disimula bastante. En España recuerdo que sonreía más… Claro que después de la estampa que se ha encontrado en su oficina, el primer día de trabajo de su nueva asistente, no me extraña que tenga esa cara de rancio.  
—Señor Reynolds, yo siento esto… pero el señor Hamilton me dijo lo de las fotos para las fichas de los empleados nuevos y… bueno… como usted no llegaba… —¡Dios! Pero ¿se puede divagar más? Tierra trágame, es lo único que viene a mi mente. 



lunes, 6 de febrero de 2017

Reflexiones


Hace unos días compartía esta entrada en una red social y muchos fueron los comentarios con los que me encontré. Gracias a todos por vuestra opinión, dejo aquí la entrada a forma de reflexión que debemos hacer de vez en cuando.

A veces merece la pena, hay momentos como el que he vivido hoy con una lectora que me ha hecho pensar. "Tú eres Scarlett y eso no significa que porque no estés en aquella editorial o porque seas autopublicada seas menos que los autores de las grandes editoriales. Si tu novela llega al lector, le da lo mismo la forma en que la publiques. Puedes ser TODO para él de igual forma".
Y es que a veces nos hacen sentir que somos menos por no estar en determinada editorial. Es una lástima que aún haya gente que ni siquiera se moleste en leer a escritores autopublicados o incluso los desprecien, porque como siempre digo, se pierden historias fascinantes.

Hay que apostar por la literatura calidad, sin importar de donde venga. Y a veces viene de gente que precisamente se autoedita, con todo lo que ello conlleva, y esos también son los que nos hacen soñar y nos transportan a lugares mágicos. Yo, personalmente, estoy muy orgullosa de ser híbrida, aunque abogo mucho por la autoedición, porque a veces los árboles no nos dejan ver el bosque. Pensemos que existen más autores, más formas de publicar una historia, y abramos un poco más la mente. Ayudemos al autopublicado que también es capaz de aportar calidad a este mundo literario.


                                                                   SCARLETT BUTLER


domingo, 29 de enero de 2017

Hablamos de... chick-lit

Antes de comenzar con este artículo quisiera explicar el por qué hablar de este género. Mi primera y tercera novela se enmarcan dentro de este género y cuando me planté ante el ordenador a desarrollar sus tramas, lo pasé de miedo.

Por esto, me he parado a reflexionar sobre el chick- lit. Lo confieso, soy una de esas autoras a la que le cuesta creer  en los géneros. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que no me gusta mucho eso de dividir la literatura, pues se trata de etiquetar y ordenar, pero nada más. Es evidente que es útil para organizar nuestro mapa mental (y las secciones de las librerías) pero muchas veces tendemos a arrastrar ciertos prejuicios junto a los géneros. En una entrada en mi blog hablaba del género de la novela romántica, siempre considerado el “género chico”, “el de la novela rosa”, de peor calidad que otras obras literarias con diferente temática… Al igual que la romántica, el género erótico también lleva sus propios prejuicios, en especial cuando es una mujer quien firma la novela. Muchas compañeras han sufrido ese momento de miradas suspicaces, comentarios vulgares y de mal gusto, y acusaciones de ser un demonio con algún problema en su sexualidad, por lo menos. Incluso estoy segura que muchas han oído aquello de “¿tu familia sabe que escribes estas cosas?”, y es entonces cuando pienso en aquellos escritores de terror como Stephen King a los que no creo que le hagan preguntas del tipo “¿cómo anda usted de salud mental al escribir sobre asesinatos, vísceras y psicópatas?”.

Pero de lo que hoy vamos a hablar es del género chick- lit. Recuerdo la primera vez que escuché aquella palabra y me quedé pensando de dónde vendría. Según San Google: “se trata de un género dentro de la novela romántica, que actualmente está en auge, escrito y dirigido para mujeres jóvenes, especialmente solteras, que trabajan y están entre los veinte y los treinta años”.
Tras leer su definición seguí reflexionando por qué debe estar dirigido a mujeres solteras en ese rango de edad, ¿es que el público masculino no pueden divertirse con estas historias? ¿O las mujeres de más de treinta años? Mi visión personal es que es un género de estilo romántico- contemporáneo con grandes dosis de humor, amor, sexo, amistad y situaciones que nos pueden pasar a todos en nuestro día a día.

Si vamos un poco más allá de los libros, hay series de televisión como “Sexo en Nueva York”, basada en la novela de Candance Bushnell, además de películas como “El diario de Britget Jones”, de Helen Fielding.  

Analicemos un poco más el chick-lit,  ¿qué tienen todas las obras pertenecientes a este género en común?

 -   Lo primero es la protagonista femenina, una chica guapa, inteligente y algo caótica. Suelen ser chicas jóvenes, entre los veinticinco y los treinta y cinco años (en muchos casos crecen a lo largo de la historia), con un nivel adquisitivo medio/alto, solteras (o inmersas en una relación que no las satisface por completo) y  con una tendencia al dramatismo o al caos, que dan un giro a sus vidas empujadas por decisiones laborales o sentimentales.
-     Después llega lo que llamo el gran momento del libro, aquel  “chica conoce a chico”. Siempre coincide con una situación absurda o ridícula que nos hace reír mientras pensamos en el bochorno que debe estar pasando el/ la protagonista.
-       Las risas están aseguradas, si no te ríes, no es chick- lit. En numerosas ocasiones se busca el lado cómico de las situaciones surrealistas o ridículas que atraviesa la protagonista femenina. No tenemos más que recordar las situaciones por las que pasa Bridget Jones o Becky Bloomwood, en “Loca por las compras” de Sophie Kinsella.
-       La gran ciudad como contexto es esencial, lo habitual es encontrar a la protagonista sobreviviendo en una gran ciudad como Nueva York, Londres, Madrid, Barcelona…
-       Rutina, aquí se busca que el lector/ a diga “eso también me pasa a mí”. A los lectores nos encanta sentirnos reflejadas en personajes como Carrie Bradshaw, de Sexo en Nueva York. Esto es porque este tipo de novelas están salpicadas de miles de situaciones cotidianas y apuros por los que todas hemos pasado alguna vez.
-       Vida glamurosa, pues tradicionalmente ha estado acompañado por el glamur y la moda: zapatos, vestidos, purpurina... Por eso no es extraño encontrar en el interior del libro marcas como Manolo Blahnik, Jimmy Choo, Dior… lo que añade glamur a la historia. Si la novela ha conseguido que nos sintamos reflejadas en las preocupaciones de su protagonista, verla acudir a clubs de fiesta en fiesta o llevar la última moda en ropa, añadirá a la experiencia de la lectura la motivación extra, pues además de sentirnos como ella, soñamos con ser como ella.
-       Los amigos de la protagonista son otra pieza fundamental de la novela, son aquellos que son vitales para la chica, los que la llevan “de la mano”, los que colaboran  en las situaciones caóticas, pero aquellos que al mismo tiempo la aconsejan y la ayudan a tomar decisiones.

Resultado de imagen de loca por las compras

Por todo esto es un género cada día más leído debido a su frescura, y su tono irreverente y divertido, haciendo que las lectoras se rían a carcajadas y sueñen con ser alguien diferente a lo que son durante un rato, sintiéndose en la piel de esa chica que al final consigue su “felices para siempre” con el que todas soñamos.